Imagina el siguiente caso:

Un familiar tuyo tiene un terrible dolor de abdomen que resulta ser una apendicitis y requiere de una cirugía de apendicectomía para evitar que el cuadro se complique y se genere alguna complicación grave.

Luego de buscar algún centro de salud en tu zona, llegas a uno y preguntas por el tratamiento de apendicectomía. La persona encargada te dice algo como:

“Está de suerte. Este mes nuestras extirpaciones de apéndice están a la mitad de precio. Además si su familiar se atiende con nosotros le haremos gratis una reducción de papada, una aplicación de botox y si le parece bien y lo desea, también le regalamos un bono para dos tatuajes”.

¿Ustedes no saldrían corriendo de allí? ¡Yo si! ¡y tan rápido como mis piernas y las de mi familiar nos lo permitan!

Lamentablemente esto es lo que estamos viendo en la odontología hoy en día (Y la culpa es de los propios dentistas y algunas corporaciones que los tercerizan).

Internet, que es una plataforma tecnológica maravillosa, ¡Se ha convertido en una lanzadera de ofertas asombrosas para hacer de tu boca, un remate al mejor postor!

La pregunta es: Si no ofrecerías tu apéndice o el de tu familiar al mejor postor quirúrgico como en el ejemplo en tono de parodia que he empleado más arriba, ¿por que si lo harías con tu boca? ¿Que tal un blanqueamiento dental a mitad de precio con 4 curaciones de regalo mas una limpieza mas un bono? ¿Te suena?

Piénsalo bien: Quienes realizan tales ofertas no están locos como para perder dinero. ¿Entonces como pueden ofrecerte esas ofertas dentales de locura y no quebrar sus consultorios y clínicas? He aquí algunas respuestas:

  • No todos son dentistas titulados, con especialidad o post-grados.
  • Emplean equipos dudosamente eficaces, muchos de ellos imitaciones de marcas conocidas. Por ejemplo, el mercado de exportación chino está plagado de estos equipos sin control de calidad. (Y no tenemos nada contra los chinos, somos fans de Huawei y Xiaomi perooo….)
  • Emplean materiales nuevos, recién lanzados al mercado, sin estudios que demuestren su efectividad o seguridad.
  • Utilizan dosis menores. Por ejemplo geles que vienen en jeringas para un paciente son usados en varios pacientes.
  • Utilizan materiales vencidos o próximos a vencer.
  • Hay precios escondidos que te aplican o explican luego de finalizado el tratamiento.
  • Etc.

Lamentablemente en este drama hay dos actores. El dentista que cae en estas prácticas y el mismo paciente cuyo sentido común se anula ante la perspectiva de una ganga 2×1.

El resultado frecuente de estas ofertas es el de tratamientos de baja calidad que duran poco o fracasan y que obligan a repetirlos, generandote a la larga mas gasto.

En el mundo de la odontología, como en casi todo en esta vida, es muy cierto y vigente que “lo barato sale caro”. Lo opuesto no es necesariamente cierto, es decir, no siempre lo más caro es lo mejor.

Lo importante para un paciente es asegurarse que quien lo atiende está titulado y capacitado para realizar tal o cual tratamiento. El paciente puede y debe preguntar todo lo que considere pertinente sobre su tratamiento, es su derecho hacerlo y es deber del dentistas absolver sus dudas.

Recuerda que la boca es una parte muy importante del cuerpo humano. Es la puerta de entrada de muchas enfermedades y el sistema masticatorio, dientes, encías y articulaciones, es una parte clave para tu salud integral. ¡No remates tu boca al mejor postor! ¡Cuida tu salud!